2222 (José Vicente Peiró)




2222 es una novela singular de un autor singular que se sale de los esquemas habituales por sus planteamientos y argumentos. Personalmente me sorprendió con Nueve semanas, su novela anterior, con ese vividor, un golfo en toda regla, Bloss, un escritor que está escribiendo una novela sobre su día a día. Pero no cualquier novela. Esta novela. Sí, esta misma. Metanarratividad: escribir una novela que es la misma novela, procedimiento ya asumido. Pero la particularidad del trabajo estriba en que el personaje es consciente de que hay alguien leyéndolo.
Bloss es un tipo raro que vive de las mujeres que se dejan que viva de ellas. Pero resulta que él no es el único que escribe la novela. Y tampoco es una novela a cuatro, seis, ocho o veinte manos: son todos los personajes quienes escriben y hacen la novela, porque de esa forma la subjetividad ayudará a conformar la objetividad de la narración. Los testimonios en primera persona dan las claves de su argumento.
Y en esta misma línea está la novela que hoy presentamos. Porque está compuesta de cinco diarios, cinco confesiones distintas que curiosamente están dispuestas con un orden que permite construir el argumento, que dispuesto de otra manera sería totalmente lineal. La polifonía permite construir la historia de ese mundo «levantino» distópico, de ciencia-ficción, aunque Calpe y Benissa sean algunos de los espacios donde se desarrolla el relato.
La distopía 2222 es en realidad una disección del camino que llevamos. Pero lo que atrae es sobre todo el estilo. Hemos hablado de Nueve semanas. Aquí repite el esquema de distintos narradores-personaje repartiéndose la función de contar la historia. Salvador tiene un estilo, lo cual ya es importante. Incluso en las referencias a sí mismo y su grupo de música Prolýmbux, en una demostración de autoficción y metaliteratura.
Frases breves y muy directas, el uso de los paréntesis y corchetes en el diario de la ginoide Kest sobre todo, los curiosos nombres de los personajes o los neologismos por deformaciones como hójac por hoja o croisín por cruasán. Y va al grano, con diálogos sintetizados y punzantes: ¿para qué contar una historia en 600 páginas si tiene bastante con 102? Sorpresas y giros argumentales muy atractivos, incluso el inicio de cada una de las cinco partes del libro. Estilo propio. Muy propio, reconocible y personal. Estilo que cuenta una historia y no olvidemos que el objetivo de la ficción es contar, no ensimismarse.
Todo lo narrado podría ocurrir mañana. Por eso, estamos ante un libro ético. Un libro lleno de humanidad, de defensa de los valores que nos distinguen de los animales. No está en contra de la tecnología: está a favor de que la tecnología sea un instrumento para facilitar la vida, no para convertirnos en esclavos de los cachivaches y trastos electrónicos.
Los personajes se van completando unos a otros. No haré una descripción de los mismos porque es mejor sugerir que explicar cuando se ha de disfrutar de una novela. Descúbranlos porque merecen la pena, por lo que cuentan y por lo que representan. Reitero lo que digo siempre: las mejores historias de ficción son aquellas con personajes fuertes e inolvidables, La Regenta, Don Quijote, Lolita… Fuertes que muestran las debilidades humanas.
¿Somos capaces de gestionar el mundo? No. Es la conclusión. Pero en el fondo el ser humano es encantador. A pesar de todo.
Me quedo con unas líneas: «Se puede aceptar cierto progreso. Hasta que empieza a alterar negativamente la cotidianidad de la persona. Haciéndola infeliz». Un gran resumen de las intenciones de esta obra.


Texto original


2222 (Blog literario Las Inquilinas de Netherfield)


El año pasado os traje Nueve semanas (justas-justitas), novela del autor valenciano P.L. Salvador. En aquella reseña ya eché el resto en cuanto a intentar exponer la particular prosa de este autor, así que esta reseña me la tomo con más tranquilidad... al menos en la forma, porque el fondo, al menos para mí, es mucho más profundo. Dejamos a un lado el tono más desenfadado de su anterior novela, y nos ponemos serios.
Estamos en el año 2222 del títuloZalt es millonario y vive en una finca a varios kilómetros de la casa más cercana. Acaba de fallecer su única hija, es viudo y solo le queda su nieta de 13 años. Aparece en su vida, de la nada, y tras más de una década sin verse, el coronel Nat... y llega para quedarse. Pregunta, pregunta, pregunta... y organiza, dispone, anticipa. Progresivamente aleja el hogar de Zalt de la civilización, incluso al propio Zalt de sus negocios, y al tiempo va trayendo gente nueva para que viva en la finca: los elige él, o los que ya están traen a conocidos, y siempre por cada hombre entra una mujer, o viceversa. Todos con ideales comunes, todos con altas probabilidades de emparejarse y de procrear. También conviven con ginoides, androides cuya perfección varía dependiendo de la finalidad con que fuesen creados y de la generación a la que pertenecen.
Los habitantes de la finca son cada vez más autosuficientes, más independientes del exterior, están más satisfechos con ese microcosmos: lo que ocurra fuera no importa, solo importan ellos. Todos se dan cuenta de que este coronel está creando algo parecido a una comuna perfecta, pero también son conscientes de que tiene que haber algo detrás de eso: un propósito. Y cuando ese propósito es revelado, estalla la crisis, porque no todos lo consideran moralmente aceptable. Algunos se rinden a lo inevitable; otros no quieren formar parte de ello. Pertenecen al grupo de los elegidos para salvarse del exterminio de la raza humana, ¿pero con qué derecho?
Como veis estamos ante una distopía, una novela de ciencia-ficción, pero que se aleja mucho de los parámetros del género. El estilo de Salvador es una de sus principales fortalezas: autenticidad narrativa y personalidad única, singular. No hace falta mirar la portada para saber que es suyo: lo sabes en cuanto lees dos líneas. No puedo hablar por nadie más, pero a mí, francamente, es algo que no me ocurre habitualmente en la literatura contemporánea, y a él lo reconoces al primer vistazo. Frases cortas, directas a la yugular, pinchando como el aguijón de una avispa en el sitio preciso; uso y abuso de paréntesis y corchetes sin ambages ni miramientos, pasándose por el arco del triunfo lo estilísticamente esperable y aconsejable; varios narradores que se pasan el testigo, que se leen unos a otros antes de hablarnos con su propia voz, y que hacen avanzar la historia desde distintos puntos de vista. Salvador tiene un estilo narrativo personal, propio, y eso es algo que se tiene dentro o no se tiene, que se sabe plasmar sobre el papel o no se sabe, y además es tan personalísimo que no me extrañaría nada que apareciese alguien en el horizonte en algún momento dado con retufillo salvadoriano. Se presta a ello, a la "copia", como todo lo innovador.
Otra de las características más evidentes de este autor, al menos en sus dos últimas novelas publicadas, es saber contarte toda una historia en apenas 100-150 páginas. Aplaudo la honestidad de un escritor que se desmarca de la tendencia general de rellenar páginas y páginas de morralla cuando la historia no las necesita. 2222 tiene 102 páginas; os aseguro a aquellos que no os gustan las novelas cortas, porque os da la sensación de que se os quedan a medio gas, que esta historia cumple igual que otra con el triple de longitud. Cuenta más en esas 102 páginas que otros en 500; no necesita inventarse páginas de la nada más absoluta para razonar su trama.
Y llegamos a algo muy importante. Esta distopía es tremendamente actual. Tremendamente de hoy en día. Si dejamos a un lado a los ginoides, el futuro que el autor plantea podría ocurrir mañana mismo, podría estar ocurriendo ahora. Se ha ido doscientos años en el futuro para hablarnos de nuestro presente, para plantearnos preguntas de nuestra realidad, para hacernos reflexionar sobre el camino que andamos y hacia dónde nos conduce. Si el planeta fuese incapaz de aguantarnos a todos sobre su faz, si se muriese porque chupamos todo lo que nos da sin ofrecer nada a cambio, si la población en la Tierra se hiciese insostenible... ¿qué pasaría? ¿Qué opciones quedarían? ¿Qué salidas? ¿La moralidad de esas opciones sería un factor a tener en cuenta o se impondría la necesidad acuciante de llevarlas a cabo? ¿Debe prevalecer la medida sobre el método?Porque la historia nos cuenta mucho, pero también está creada para darle un empujón al lector, para estimular su proactividad, para que use su imaginación y una puntos, enganche hilos y rellene espacios entre narrador y narrador. Filosofía, ética y humanismo intentan darse la mano, pero no siempre lo consiguen. Y eso da mucho en lo que pensar.
Además, esta historia tiene tanto de distopía como de ínfulas de utopía por parte de los impulsores del exterminio, y la sociedad perfecta que ingenuamente se busca en la historia es algo que el hombre es incapaz de gestionar: no forma parte de su naturaleza. Un mundo sin política, sin religiones, sin tecnología, sin propiedad privada... El autor nos ofrece resquicios de esperanza pero al mismo tiempo pone sobre la mesa la heterogénea imperfección del ser humano, lo poco confiables que somos, esa falta de sentido común que llevamos de serie y que nos podría llevar a la situación que se plantea en la historia. La sociedad humana es incapaz de cambiar. ¿La pescadilla que se muerde la cola? Sí y no. Tendréis que leer el libro para saber qué ocurre en 2222 en una pequeña localidad de la costa de Alicante, porque una vez que empieza el exterminio, la historia guarda unas cuantas sorpresas y giros: no deis nada por hecho.
No puedo obviar el componente metaliterario que sucintamente introduce Salvador en la historia, componente que la primera vez que aparece te hace sonreír y te sorprende a partes iguales. El propio autor se cuela en la historia como tatataradeudo del protagonista, y su obra pervive todavía en su biblioteca. Llega a ser, junto a su grupo musical Prolymbux, el autor favorito de uno de los personajes...  si lo miramos en perspectiva, sería un autor clásico para un lector del 2222. Y encima echa el resto e incluye un relato suyo auténtico escrito en el año 2000, El retraso, que es realmente fantástico. ¿Egocentrismo? No, o no al menos mal entendido. Yo lo he visto más bien como un guiño picarón. ¿Por qué no hacerlo? Ya digo arriba que el discurso narrativo de Salvador va por libre, no se parece al de nadie y camina por unos márgenes creativos que le dan completa libertad como autor.
Nueve semanas me gustó mucho, pero 2222 ha ido todavía más allá. Mucho más allá. Te da en qué pensar, te enfrenta a una realidad que como ya digo tiene más de 2018 que de doscientos años en adelante, te pone en disyuntivas que de por sí evitarías, te arrincona para ponerte en el lugar de los protagonistas, y lo hace construyendo unos personajes principales que comprendes en todas y cada una de sus disyuntivas. Y además es una historia entretenida, muy entretenida, que se lee tan deprisa o tan despacio como tú quieras hacerlo, e invita a relectura asegurada. Muy recomendable, en serio. Da igual que os gusten o no las distopías, da igual que os guste o no la ciencia-ficción, da igual que os gusten o no las novelas cortas. Cuando se presenta un autor que tiene tanto que contar, que sabe cómo contarlo sin parecerse a nadie más y además lo cuenta así de bien, hay que leerlo.





2222 (Alicante Plaza)


La preocupación por el medioambiente, la sobreexplotación de los recursos naturales y el tamaño desmedido de la especie humana son una constante en la reflexión filosófica y la novela de ciencia ficción desde los tiempos de la creación de la hipótesis Gaia.
«No me gusta que la Real Academia de la Lengua vaya cambiando las definiciones de las palabras», comentaba el autor de 2222 en una de las presentaciones de su novela,  «en la definición que hace unos años se encontraba en su diccionario de la entrada “plaga”, la especie humana se encontraba ahí. Ahora nos han sacado de ahí, para que no resulte tan crudo, pero lo seguimos siendo, una plaga, y de esto trata un poco esta novela». 
La editorial asturiana Pez de Plata, especializada, con sus propias palabras en narrativa humorística y literatura de género, aunque todo vale cuando nuestros autores persiguen a través de sus obras el gran objetivo perturbador: la provocación de sensaciones materiales en el lector, ha acogido en el seno de su colección Narrativa Pez de Plata esta obra breve, una nouvelle de apenas un centenar de páginas de lectura rápida y obsesiva, gracias, en parte a la estructura en pequeños capítulos concatenados como entradas de diario, un diario escrito a ocho manos entre cuatro de los personajes principales de la historia, Zalt, el millonario anarquista que se convierte en el deus ex machina que pone en marcha la narración, con su altruista acogida de invitados excéntricos en su mundo golpeado por la muerte y la pérdida, Nat, un enigmático militar de alta graduación, que aparece de repente como interlocutor con su método dialógico de plantear preguntas sin respuesta, no quedando muy clara la filiación anterior con su anfitrión, Kest, un humanoide femenino de última generación que no podemos evitar emparentar con la replicante Rachael de Blade Runner, y su creador, Fánot, este sí algo menos taciturno que su posible antecesor bladerunneriano J. S. Sebastian
Con un estilo particular que conjuga una sintaxis contundente, a veces obsesiva, y un léxico que nos retrotrae a la mejor versión de la CF, aquella que contextualiza en los detalles sólo como ancla para llevar hasta las profundidades el ansia de conocimiento del espíritu humano, con ecos del mejor Stanislaw Lem, el lector se ve arrojado de lleno a una situación que durante las 15 o 20 primeras páginas le hace fruncir el ceño en alguna que otra ocasión, todavía ajeno, todavía extrañado y sin saber muy bien hacia qué derroteros, tanto narrativos como argumentales, le va a llevar el autor. A partir del momento en que la extrañeza pasa a ser filiación, la intriga, junto a la fascinación por cómo consigue convertir una reflexión tan evidente como la de la sostenibilidad en discurso político radical y, al mismo tiempo, no sonrojante, se adueñan de una lectura voraz.
«Esta es mi séptima novela publicada, pero sólo estas dos últimas están escritas en un estado de ánimo especial, sin esquema previo, sin guión casi. Son “novelas anímicas” que reflejan mi estado de ánimo del momento. La anterior, Nueve semanas es agitada, irónica, mientras que esta 2222 es tranquila, sosegada, un espíritu contemplativo, como el del propio personaje central, Zalt. En 2222 el estado de ánimo que tenía al escribirla era un estado de ánimo social, analizo en ella la situación social y entro en mi particular túnel del tiempo, para ver cómo estarán las cosas dentro de 200 años. Aunque soy escéptico en cuanto a la sociedad, creo en el individuo y así defino el estado de ánimo que me lleva a escribir esta novela».
Aunque nacido en València, el escritor autoidentificado como calpino Salvador Pérez López (València, 1959), bajo el pseudónimo P. L. Salvador, da carta de autentificación a su pasión literaria, pasión que sólo puede ser entendida desde su autorreconocimiento como autodidacta… qué escritor no lo es, al menos en cuanto supera los límites de la técnica aprendida, para convertir sus escritos en literatura. Creador de joyas, trabaja sobre ellas con los mismos dedos con que puntea las cuerdas de su guitarra, en el grupo Prolýmbux, mientras idea de qué manera introducirse entre las líneas de sus creaciones. Se echa de menos, en el reverso de la preciosa tarjeta de dramatis personae que acompaña la cuidada edición de Pez de Plata, un score, una lista de temas que puedan acompañar en la lectura.
Para presentar la trama, nada mejor que las propias palabras del editor, impresas sobre la contracubierta: «Imagínate en el año 2222. Imagina un planeta superpoblado donde convivimos con robots, aeronaves personales y androides de todo tipo. Como somos demasiados, los elementos deletéreos lo tienen fácil. Lo que antes mataba a seis personas, ahora mata a seis mil. Imagina cuánto paro habrá. Cuánta insatisfacción. Imagina hambrunas, hacinamiento, epidemias, catástrofes naturales... ¿Todavía crees en la humanidad? Piénsalo.
Ahora imagina una casa de campo y un grupo de personas que quieren vivir al margen de la sociedad. Imagina que eres una de esas personas. Visualízate. Si ya te ves dentro de esta historia, responde a la pregunta que la inicia: “Imagina un mundo mejor. ¿Qué añadirías? ¿Qué quitarías? Piénsalo bien”».
Contextualizar esta trama en los escenarios de Calpe y Benissa lo hace todo aún más auténtico. Especial atención al relato El retraso, introducido en la trama como un mcguffin de magnífica factura, que además juega al juego de los espejos.


Eduard Aguilar


Texto original:

2222 (Blog literario Ni un día sin libro)


Definitivamente, P.L. Salvador me ha vuelto a dejar con la boca abierta. Ya os conté mis impresiones con Nueve Semanas. Un libro rupturista en fondo y forma, una lectura que se coló en nuestro blog casi sin darnos cuenta y se ha convertido ―por la cercanía de su propuesta con nuestra forma de entender la literatura ― en uno de esos libros que aparecen en nuestras conversaciones con amigos cuando queremos descubrirles nuevas fronteras como lectores.
Y ahora, sin previo aviso, sin ni siquiera un año para coger aire, nos llega 2222, el nuevo libro de P.L. Salvador, de la mano ―de nuevo― de la editorial Pez de Plata.
Discurso narrativo propio.
Como lector prolífico y muchas veces desdoblado (varias lecturas simultáneas, la necesidad de seleccionar bien los libros leídos por aquello de la finitud del tiempo) valoro mucho al escritor con discurso narrativo propio. Y eso se tiene o no se tiene. El que trata de tenerlo sin encontrarlo corre el riesgo de convertirse en un imitador o en un alma errante sin horizonte literario. Aunque no conozco la obra anterior de Salvador, sospecho que ese discurso rotundo e inconfundible que tienen Nueve semanas y 2222 viene con él desde hace mucho tiempo. Hay pocos autores que con unas pocas líneas sea sencillo identificar, esos cuya firma se hace innecesaria porque lo que escriben les define. P. L. Salvador pertenece a esa raza en extinción.
¿Qué es 2222? 
En poco más de cien páginas (otro signo de distinción, no tener que justificar una historia con centenares de páginas vacías de contenido, de esas que tanto abundan) el autor nos presenta un mundo distópico en el que la sobrepoblación y la falta de sensibilidad ha acabado con el mundo tal y como lo conocemos ahora. Un grupo de habitantes se propone empezar de cero. ¿Cómo? Pues como solo comienzan de verdad las puestas a cero: reiniciando y eliminando lo que sobra. Y empezar de nuevo, con el grupo que una clase selecta ha elegido y que pretende volver a lo esencial, a los orígenes.
¿Solos o acompañados?
En este mundo futuro las creaciones artificiales son casi perfectas, y los androides son seres tan humanos que cuesta distinguirlos de los que realmente lo son. Ellos también formarán parte de esta revolución. La paradoja (comenzar desde el origen junto a una de las consecuencias que el grupo trata de evitar) está servida.
Relato polifónico.
Igual que en Nueve semanas, el relato de 2222 nos llega de forma singular, a través de los diarios de algunos de los protagonistas. Estos relatos en primera persona se suceden como si de un testigo en una carrera de relevos se tratase. El (los) narrador(es) asumen la responsabilidad de transmitir al lector la crónica de lo sucedido, sin que este note discontinuidades narrativas o temporales. Nos quedan las sutilezas que deja el cambio de narrador, y el efecto mágico (y onírico) que estas producen.
La fuerza de un paréntesis.
P.L. Salvador usa, abusa, retuerce y estruja los paréntesis que componen la historia. Es difícil no sonreír al encontrarse con los paréntesis en las lecturas del autor (en 9 semanas eran un protagonista más del relato). Sin complejos y sin medias tintas, los paréntesis dejan de ser dos signos de puntuación que aclaran un aspecto accesorio de la historia para convertirse en los verdaderos guardianes de la parte interesante de ella. No sé dónde ha aprendido el autor esta técnica, pero en esa hipotética academia él debería ser el catedrático.
Imagina un mundo mejor. ¿Qué añadirías? ¿Qué quitarías? Piénsalo bien. 
Así comienza la historia y esa pregunta se repite (la repiten algunos de los protagonistas a lo largo del libro. Más profunda de lo que parece en ocasiones, la pregunta viene hacia nosotros como un boomerang y nos plantea a qué estaríamos dispuestos a renunciar si de esta renuncia dependiera el fin del mundo.
¿Cómo te imaginas en el futuro? 
Y eso es precisamente lo que hace el autor, imaginarse en el futuro, dentro de doscientos años. No él en estado físico, sino su legado en el mundo: su música, sus libros (hasta los que no ha escrito), sus descendientes. Metaliteratura en estado puro. En la historia  se cuela hasta un  relato real del autor, El retraso, un relato de un libro de Salvador del año 2000, una joya de relato, por cierto, un relato que es parte de la ficción, leído por uno de los protagonistas. Reminiscencias quijotescas que hacen un poco más grande el libro.
De nuevo, el hombre como creador de vida. 
Y regresan a mi memoria, para unirse a este 2222 (o para unirse él a ellos) maravillas como Blade runner, WestWorld, Black Mirror, Inteligencia Artificial. O el padre de todos ellos, aunque no todos quieran reconocerlo, el gran e inimitable Pinocho.
Descubrir a Prolýmbux. 
Y en la línea de las obras transversales de las que os he hablado en algunas ocasiones (como ejemplo reciente, nuestro querido El EfectoMidas) tenemos la música de Prolymbux, grupo del que P.L. Salvador es guitarrista e ideólogo. Una música que pareció creada (muchos años antes) para este libro. Un descubrimiento más en esta obra que apunta muy alto en el horizonte de las obras que marcan el futuro y la pervivencia de la literatura y del arte en general.
Sin duda uno de los libros del año. Un autor a seguir muy de cerca (redundante, porque ya lo era). Felicidades al autor y a la editorial, porque merece una mención especial Pez de Plata, por el impresionante trabajo realizado.
Salvador, un lujo leerte y ser tu amigo. Poder leer y recomendar tu libro me hace sentir un privilegiado, porque como en la historia de 2222, yo también imagino un futuro donde eres uno de los escritores que allá por 2017 escribió un libro que puso un granito de arena para construir la literatura del presente. Del presente del futuro que deseo e imagino.



POÉTICA PLATEADA




1
Estoy leyendo Después de Rita. Otra vez. Recuerdo la primera vez que la leí. Fue durante el desayuno. Al final de la tercera página, levanté la cabeza. «Este tío escribe como yo o yo escribo como él o escribimos los dos igual». Eso dije.
No me gustan las etiquetas. Y sin embargo pondría más. El lector tiene derecho a saber lo que adquiere. La etiqueta temática ya nos dice algo. Novela rosa, social. La etiqueta lingüística apenas se usa. Novela experimental, esteticista.
Compongamos una filigrana plateada con la opinión de la crítica sobre Nueve semanas (justas-justitas):
Destila ruptura.
Osadía creativa.
Original propuesta.
Totalmente diferente.
Experimento narrativo.
Secuencias como dardos.
Una suerte de anti-novela.
Una novela fuera de la ley.
Propuesta artística de riesgo.
Divertida reinvención del género.
Una novela absolutamente inesperada.
Literatura entendida como juego continuo.
Se podría pensar que con esto ya está todo dicho. Pero lo cierto es que nadie ha profundizado en la poética de 9semanas & DdRita. La ambigua etiqueta lingüística no nos sirve. Y como presiento que nadie va a hacerlo, lo haré yo.
(No voy a recabar información sobre DdRita. Pues considero que la filigrana plateada también la define. Para los curiosos: Veloy la terminó en julio de 2013; yo, en septiembre de 2012. Pez de Plata publicó DdRita en 2013 y 9semanas en 2016).
En estas dos novelas, la prosa es prosa a golpe de pensamiento (sin aditivos, sin adornos, seca como la vida abierta). Las frases encierran múltiples frases. Son frases ampliables. Desarrollables.
Se trata de una poética que se debe interpretar. El lector, si lee bien, se descubrirá interpretando a todos los personajes. El lector también debe rellenar los huecos. La lectura ha de ser, pues, reposada.
La lectura de un lector-actor.
Consideraba necesario escribir esta introducción. La próxima semana empezaré a poner ejemplos, a dar explicaciones. La he llamado poética plateada en honor a Pez de Plata, la editorial-madre que nos ha permitido ver la luz.
El análisis será semanal y desarrollará los siguientes temas:
Las descripciones plateadas.
El párrafo con ratificación aparte.
La indispensable pausa del punto-seguido.
La eficacia de las exclamaciones inesperadas.
La ironía de los paréntesis y las filigranas plateadas.
La fuerza de los pensamientos puros: «escribir a golpes».
La trascendencia de las palabras compuestas y de los dos puntos.
La precisión de los sufijos diminutivos, aumentativos y despectivos.
(Sí, eso de arriba es otra filigrana plateada ascendente; también las hay descendentes, regulares e irregulares).

2
Como la poética plateada es concisa, sus descripciones humanas se resuelven en un párrafo. El lector puede (y debe) ampliar el retrato. Se convierte así en lector-escritor. Es lo que tiene esta literatura plateada: te invita, te provoca, te inspira.
«Sesenta años. Pelo platino. Un tatuaje en el brazo. Dedicado a alguien llamado Antonio. Voz de Ducados. Tetas fellinianas. Inmensas en su generoso escote. Ésa es Purificación».
«En su lugar, una presentadora. Una presentadora que me es familiar. Rubios rizos lacados, cara de triángulo equilátero. Pecas pintadas con rotulador. Sonrisa de piruleta de fresa».
«Dedé tiene los ojos negros. Muy negros. Supernegros. ¡Negrísimos! No se maquilla. En absoluto. Su rostro es ovalado, flexible, convincente. Por lo general sonríe con levedad. También evoluciona por la casa con levedad. Y me contempla con levedad (y eso me excita [de forma leve]). Dedé es la delicadeza hecha mujer, el ciclón templado, mi primavera particular».
Tres descripciones. Las dos primeras de DdRita; la tercera, de 9semanas. Frases cortas. Contundentes. Sugestivas. En estas dos novelas hay ironía, pero se trata de una ironía emotiva, realista, delicada. Contradictoria y amarga como la vida misma.
A veces, los párrafos (sean descripciones o no) cuentan con su ratificación aparte. La llamo «ratificación aparte» porque siempre va después de un punto y aparte. La ratificación es corta, nunca supera la línea.
«Paso las tardes y las noches en el sofá. Recostado sobre un cojín. Bebo un par de cervezas bien frías. Dos o tres cervezas, sólo a veces cuatro. Casi nunca cinco. Apenas como nada, estoy delgado. De un modo casi enfermizo.
Araña pálida».
«Dos rosas. Blancas. Todavía sin abrir. Capullitos (con perdón). Tan delicadas… Una para la madre y otra para la hija (depositadas con suavidad junto al plato correspondiente). Y ahora es a Nené a quien se le cae la baba. Vale, a Dedé también (aunque menos). Apúntate un tanto, colega. ¿Y qué hace Kladd? Ah, amigo, no te esperabas esto, ¿eh? Sí, disimula, disimula…
¡Toma!».
Compruebo durante este estudio que DdRita contiene más párrafos con ratificación aparte, mientras que en 9semanas abundan más los párrafos con ratificación seguida. Novelas mellizas pero nunca gemelas.
Las frases cortas de las descripciones plateadas y las ratificaciones marcan pausas. El lector que se las come, se está comiendo la esencia de esta literatura. La expresión «Araña pálida» no solo refuerza su párrafo sino que también detiene la lectura.
La insistencia en la negrura de esos ojos no es redundancia sino amor. Cuando el lector-actor recita: «Dedé tiene los ojos negros», está interpretando el papel de un enamorado que, al pensar en su amada, se pierde en sus ojos: «Muy negros. Supernegros». El enamorado está abismado, los ojos de Dedé llenan la pantalla de su mente. Finalmente despierta: «¡Negrísimos!».

3
En la poética plateada abunda el punto y seguido. Este punto es pausa. Es ritmo. Este punto es armónico. Y muy holista: el lector recibe cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen. Entre punto y punto, un mundo.
«Por un instante. Sólo un instante. Por un instante se hace presente. Deja de ser espectro. Y es real. Mi padre. Un instante. Real».
«Un bosque de castaños. Estoy casi segura de que son castaños. Parece desierto. Pero no. En un rincón de la foto. Bajo un castaño. Se puede ver una bufanda blanca».
«Estoy en Jávea. Sí, he dormido en casa de Nené. Aunque no con ella. Se nos hizo tarde y me ofreció una habitación. Toda una dama. Culito. Peritas. Ojitos. Negritos. Pelito cortito. Y zapatitos planos. Una Dedé madurita. Afrutada: huele a fruta madura. Me pregunto a qué sabrá. En efecto, mi ordenador siempre viene conmigo».
Los dos primeros fragmentos pertenecen a DdRita; el tercero, a 9semanas. Podría hacer un experimento. Podría coger uno de estos párrafos y reescribirlo. Desplatearlo. Vulgarizarlo. Lo haré con el mío.
«Estoy en Jávea, pues he dormido en casa de Nené, aunque no con ella, se nos hizo tarde y me ofreció una habitación. Toda una dama, con su culito, sus peritas, sus ojitos negritos y su pelito cortito. También usa zapatitos planos. Una Dedé madurita y afrutada, huele a fruta madura, y me pregunto a qué sabrá. En efecto, mi ordenador siempre viene conmigo».
Podría desplatearlo aún más, quitarle los diminutivos y la ironía. ¡Hagámoslo!
«Estoy en Jávea, pues he dormido en casa de Nené, se nos hizo tarde y me ofreció la habitación de invitados. Es delgada aunque con formas generosas allí donde una mujer ha de tenerlas, una Dedé madura, ojos negros, pelo corto, zapatos planos. En efecto, mi ordenador siempre viene conmigo».
Si ahora le añadiera paja.
Si triplicase su tamaño añadiéndole paja.
Si lo hiciera, estaríamos ante un texto convencional.
No lo haré. No soy capaz. La paja. Ay, la paja… Me asusta. Me aterra. Qué miedo… Olvidémonos de ella. La paja, al pajar. Pasemos al siguiente punto: «La eficacia de las exclamaciones inesperadas».
«Una mañana me llama el Jefe de Contabilidad. Un tipo que uno olvida en el mismo instante ―¡ahora!― en que lo ve».
«Eso sí, en la calle suda. Y no poco. A menudo tiene que cambiarse la camisa. ¡Incluso la corbata!».
«Sospecha algo, lo presiento, y también (¡presiento!) que ella está adivinando que yo intuyo sus recelos».
«Se vuelca en mí, se vacía, vomita de manera sistemática, matemática, ¡escrupulosa! el contenido mental que me corresponde».
Estas exclamaciones inesperadas despiertan al lector, llaman su atención, le convierten en un lector-actor. ¡Interpreta! Eso exigen. Exclamaciones, puntos, interpretación. Y un lector-actor marcando los puntos, alzando su voz mental cuando el texto se lo pide, indignándose, enamorándose, reflexionando, interpretando todos los papeles de la novela-guion, un lector-actor que a veces se sorprende leyendo en voz alta, que a veces se sorprende en otra piel, en otro mundo, viviendo otra vida, reescribiendo la obra, haciéndola suya, descubriendo que ya no hay marcha atrás, que ya no le vale ser lector, un simple lector, que ahora (¡de aquí en adelante!) necesitará, querrá ser un lector-actor-escritor.

4
Decía en el segundo capítulo que DdRita contiene más párrafos con ratificación aparte y digo en este (cuarto) que 9semanas contiene más paréntesis. Lo repito: novelas mellizas pero nunca gemelas.
«Organizamos nuestra vida en torno a este sueño. Lo cancelamos todo por un casting, eso por supuesto. Y no nos importa participar en proyectos alternativos. (Sin cobrar.) Ni en obras de teatro infantil. (Cobrando.)».
«Metió su tanga entre el colchón y el canapé, manchó el almohadón con carmín (un poquito [sólo un poquito]) y dejó un preservativo (nuevo [especial {con protuberancias}]) debajo de la cama (escondidito tras una pata)».
Los paréntesis encierran ironía y marcan una pausa. Se podría decir que son comas con carácter. El lector se puede comer una coma, pero un paréntesis impone más. Lo mismo ocurre con las filigranas plateadas: tienen carácter, imponen su pausa.
«Me parece a mí que este egregio señor no contaba con nosotros.
No se le pasó por la cabeza que podíamos entrar en juego.
Una Dedé muy enfadada ni siquiera nos hablaría.
Y Bloss Ñejer, si se enteraba, menos todavía.
Lo hizo tan bien¼: la trama perfecta.
Pero aquí estamos: primero yo.
Y voy a contarlo todo-todo.
Una verdad accesible.
Mi verdad».
____________________________________
«Estoy sola.
Odio Barcelona.
Estoy sola».
____________________________________
«Gruñidos,
gorjeos,
silencio».
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Una filigrana larga (9semanas) y dos cortas (DdRita). Estas dos novelas son minimalistas, esteticistas, vanguardistas. Apuestan por una poética directa, pura, rotunda.
Cuando se escribe a golpe de pensamiento, cuando se escribe lo que se piensa sin engalanarlo, cuando la literatura es un estado de ánimo, cuando la amargura (sorda) se traduce en ironía (sutil), cuando se escribe a golpe de sentimiento.
Surgen textos como estos:
«Sólo se oye el crepitar de los neones. A veces una tímida conversación telefónica. Pasos de alguien que va o de alguien que viene. Al lavabo, a la máquina del café, a una reunión.
Bostezos.
Aquí trabajo ocho horas al día, cinco días a la semana, cuarenta horas semanales.
Enero, febrero, marzo.
Archivando facturas».
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«Asiento con disgusto. Mi madre siempre consigue que me sienta mal (y asienta peor). Lo que digo, ya escribo como el tipo ese. Empiezo a pensar que estoy robándole el estilo (es-ti-la-zo). Porque él no tiene ninguna posibilidad… ¡Ladrona! Y pensar que nosotros (nos) somos la crema-cremita (cremosa) de la sociedad. Los dioses del nepotismo. Panza satisfecha y sonrisa jactanciosa. Movemos los hilos: ¡danzad, marionetas!».

5
Ahora mismo no sé cuántas palabras compuestas-originales utilizan otras poéticas. En estas dos novelas abundan. En DdRita he encontrado siete. 9semanas contiene bastantes más, pero transcribiré otras siete.
1: Él apenas habla. Hombre-silencio
2: Abandonan la casa. Silencio-amenaza.
3: Sigo con mi trabajo-bostezo.
4: Un teléfono blanco-roñoso.
5: Pero no abruma con música-taladro.
6: Un gesto siéntese-aquí.
7: Avanza a grandes zancadas. Zancadas-grulla.
1: La primera vez te quedas descolocado-avergonzado.
2: Me mira con cierta dureza y señala mi libreta-diario.
3: Un obrero-cervecero.
4: La cajita-cenicero en medio.
5: Las mesas de la acera-terraza.
6: Lobas esteparias buscando al hombre-chollo.
7: Algo casi-caducado.
Me gustan estas palabras compuestas. Me gusta su precisión. Todos sabemos lo que es un teléfono blanco-roñoso. O un hombre-chollo. Definitivamente, siento que el guion unidor emite ironía-amable.
Qué extraña sensación... Es como si ambas obras compartieran esencia. Una naturaleza que cada autor ha canalizado a su manera. Considero... (...) Ahí me he quedado diez minutos, tal vez veinte. Considerando. Luego he hojeado mis últimas obras.
Ahora pienso que el título de la novela de Mariano Veloy encierra un presagio: Después de Rita no habrá retorno, al autor le será imposible volver, la vieja canción ya no le interesará. Después de 9semanas, lo mismo.
«Para mí, esto de seguir a la gente es pan comido: cuando era una adolescente lo hacía por diversión: elegía a un chico solitario y me iba tras él: ¡lo que vieron mis ojos!...», dice Dedé en 9semanas.
«Pero si persiste, por poco que ponga a prueba nuestra paciencia, entonces: nos aburrimos», dice Nino en DdRita.
«Pero qué gracioso es este Églex. Graciosísimo».
«Tiene la piel blanca. Blanquísima».
Por un lado están los detalles: la puntuación plateada (como esos dos puntos de arriba) o los sufijos plateados (como esos aumentativos de arriba); y por otro, la prosa cruda y clara, el tono, la rotundidad.
Cuando ahora leo mis viejos textos inéditos, entiendo que mi percepción de la Literatura ha cambiado. No sé qué haré con ellos, supongo que el supuesto editor tendrá algo que decir, pero de aquí en adelante no veo otro camino que no sea:
ampliar la poética plateada,
ampliar sus horizontes


Las Nueve semanas (justas-justitas) de Diego Medrano

P.L. Salvador es el último beat de nuestra literatura. Si Aira, hace poco, reivindicaba lo nuevo a lo bueno ―dicotomía mucho más compleja de lo que se piensa― Salvador elige lo veloz a lo lento. Es Kerouac, en calzoncillos, buscando pirulas nuevas (“lunas rojas”) en la nevera de la follatriz y amante de ocasión. Velocidad, por un lado, sustentada en la jerga (fíjense en los paréntesis con vocación de pasodobles: dos adjetivos adelante y uno atrás; ejemplo: "zorra-zorrona-zorrón") y, por el otro, en la sofisticación/ludibrio del dandy de extrarradio (quien inunda el ombligo de la amante de anís del Mono para luego sorber a dos carrillos). Consigue Salvador el reto de Unamuno (“Escribir con todo el cuerpo”) y su mundo golfo lleva todo el guitarrón de la calle aprendida como algo más que escuela: como forma de no volver atrás. Lo dijeron los grandes (Baudelaire, Lautrèamont, Rimbaud) a su modo: la transgresión no tiene retorno, cruzas la línea y ya está, volver es imposible, y aunque lo hagas ya no puedes ser el mismo. Dependencia femenina brutal (“Las hembras joden más si están jodidas”) pero todo un romanticismo negro de lúcido achispado a tiempo completo (de los de uñas largas y toconas, de los de guiño constante y proletario, de los de adjetivación saltarina, ubérrima y venenosa). Su reto es la intensidad, y así logra su colocón que no se acaba nunca, sus siete mil polvos sin sacarla, su mal de baratillo, porque es la obra de un poeta donde el sentimiento ―aun en mascarada― llega a producir lágrimas como melones (que antes fueron de cerezas, en la sátira, y de lentejas, a lo largo de las lecturas entre líneas). La crítica acorderada, mansurrona y lanar no entenderá este libro. Que te importe un pijo, lector: P.L. Salvador enciende el fuego del lenguaje con bidones de gasolina y el chispazo tiene mucho más de quijotismo que de surrealismo. Supera la nostalgia (eso de vivir un tiempo que no existe) con la fórmula in extremis de la soledad llena y no hueca (atiborrarse de velocidad para que el hostiazo sea mítico y con ínfulas y mitra de obispo). Habla de los pechos de sus ninfas (peritas-tas) en un juego que la lengua doma y asimila (peritas-tas) y eso lleva a una de esas sonrisas detenidas (peritas-tas) donde es inevitable que a todos se nos quede cara de gilipollas recordando eso (peritas-tas) que siempre fuimos... puras máquinas deseantes a lo Charles Bukowski, Henry Miller, John Fante y toda la basca en bolas alrededor del fuego sagrado del lenguaje más visceral posible: el de las palabras coruscantes y su calambrazo cuanto más anodino y tedioso es nuestro discurrir por este interminable valle de lágrimas... ¡Divinos sustos! ¡Renacer está garantizado!

Texto original



Nueve semanas (justas-justitas) 2ª


La crítica de Luis Arias Argüelles-Meres:

Nueve semanas (Justas- justitas), de P.L Salvador es, ante todo, un disparate literario que, de entrada, cuenta con la bendición del editor Constantino Bértolo en el papel de prologuista. Se trata de un texto que hace escarnio de principio a fin no sólo del mundo que padecemos, sino también de los tópicos literarios de un género tan sobrevalorado como es la novela actual. Todo lo contrario a esas novelas que dicen atrapar al lector en atmósferas más o menos envolventes, con una trama trepidante y con un desenlace asombroso, por utilizar palabras de las que tanto y tanto se abusa en reseñas de encargo y en contraportadas y solapas de ocasión.

Una chica bien y un vividor que, por avatares diversos, no sólo se conocen y sintonizan, sino que además emprenden una atípica convivencia juntos, gracias sobre todo a un irresistible afán por contar la pintoresca relación que sostienen. Novela, además, muy actual, episodios que se datan en 2012, que hacen sus alusiones a discursos políticos emergentes que irrumpen con auténtica chatarra ideológica y con topicazos de brocha gorda.

Sociedad-basura. Comida- basura. Cuchitriles-basura. Por el medio, la protagonista femenina tiene un padre que, además de ser un personaje extravagante, resulta ser también un poderoso editor. A este propósito, el episodio en el que este buen hombre pretende chantajear al protagonista para apartarlo de su hija es no sólo hilarante, sino además antológico.

En un mundo en el que la acción por la acción es el no va más en el género novela, publicitariamente hablando, irrumpe el libro que nos ocupa burlándose de tanta estulticia.  Porque además lo hace con algo que no se sabe bien qué es, más allá de lo que supone la plasmación de una serie de aventuras y desventuras realmente disparatadas.

Un texto ácido, un texto lúcido. Un texto que busca ―y lo consigue― una suerte de desquite contra tanta estupidez, contra lo políticamente correcto, contra los estragos que causa la publicidad en la que tantos y tantos creen.

Una suerte de anti-novela, protagonizada además por personajes a los que cabe ubicar en el infierno del malditismo literario, y, desde semejante emplazamiento llevan a cabo una divertida reinvención del género, sin fe alguna en ello.

Novela descreída, novela no apta para toda suerte de devotos de la publicidad literaria, novela para lectores cómplices y heterodoxos.

A modo de diario, sin lirismos en la forma, sin la liturgia de la confesión literaria, sin la penumbra envolvente con la que se pretende dar morbo al intimismo.

Todo un divertimento para quienes les gusta disfrutar de la acidez bien contada.







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