La prodigiosa fuga de Cesia (Diego Medrano)



Firma sus libros con las iniciales de sus apellidos en mayúsculas —PL— y el nombre —Salvador—. Las obras son raras y saltan en las bateas digitales, blogs especializados y muy literarios, como si fueran otra Cuesta de Moyano: 2222, El séptimo sentido, Nadando contracorriente, De lobos, (divergentes), Nueve semanas (justas-justitas), etc.

Tiene algo del estilo seco americano (Steinbeck, Dos Passos) trufado del vanguardismo francés rupturista (Oulipo, Perec) y con una veta drogota o porno llevada sin excesos (Bukowski, Miller, Fante). PL Salvador es maestro joyero, vive en Calpe cerca del mar y, en lugar de hacer vida literaria y artes varias del enredo, se ha limitado a ver pasar por su pequeño taller a media cultura española: Constantino Bértolo, Gopegui, Pérez-Reverte, etc. Su última novela es un gran friso familiar, en el fuego drástico de lo literario, donde la supervivencia vital es visor, guía y va abriendo camino —como en San Juan de la Cruz— entre la espesura gruesa e impredecible: La prodigiosa fuga de Cesia (Última Línea).

Putas vocacionales o por accidente, desintoxicaciones familiares, pérdidas amorosas, la alucinación o presencia física de sus propios personajes para el creador, rayas y Pink Floyd, paz y eternidades en Chopin, porros y duelos y quebrantos, seres con ojos de tiburón en la lucha por la vida, mujeres de faz distendida y cejas enarcadas, las sonrisas picantes, los desórdenes psicológicos o psicotrópicos, arrebatos de soledad, pánicos de burdel, los años pasados entre jeringuillas con el deseo rojo pintado en los labios.

Salvador es un agrícola, un labrador del alma humana, y labora en lo pequeño, como en las joyas, que va haciéndose grande a medida que añadimos metralla, amonal y más terruño cultivado con mucho sudor a las horas de sol. Cesia escribe una novela, pero la saga de Eva, sus vicisitudes y amoríos, su mundana felicidad maquillada de heroína, mono a base de onzas de hachís, mucho valium en lugar de jeringuillas, esas desintoxicaciones donde uno se peina el pelo con los dedos, nos entusiasma, provoca, incendia la página y lleva al milagro.

PL Salvador escruta en su narrativa supervivencia, modos de salir adelante, separa lo urgente de lo importante, muchos de sus libros son reflexiones sobre el amor y la familia, los verdaderos lazos que pueden o no ser los mayores tóxicos. La prodigiosa fuga de Cesia, como superación de un apestoso mundo yonqui, es fantástica, pero también su análisis de la sociedad de bienestar desde los años sesenta —los capítulos van fechados— a la actualidad. El progreso es querer cosas —una casa o hachís todavía en huevo— pero el mensaje —lo dice en alguna parte— es que drogas y rebeldía no tienen por qué andar juntas.

Románticos de papelinas, caballo, en los tiempos locos de los pantalones de pinzas, camisas amplias y botas camperas, con varios flashes aproximativos a la actualidad, colocazos zombis, en un país donde la aguja caliente —con chorrito de limón encima— llevó al peor holocausto conocido. En mitad de la negritud ese actimel rotundo de la lucha por los sueños porque: “La mayor parte de la sociedad es ignorante, necia, cobarde, y no conviene despertar su ira”. La lucha, de veras, contra todas las inercias sociales, sonajeros o promesas en rebaño o grey, mascaradas para el yo y su evolución.

Salvador labra muy bien las orbes individuales, personalidad y no representación, el personaje sin otros alrededor y con ellos en viacrucis, para luego rematar el friso social y epocal: como hacer una de sus joyas, de menos a más, donde no se escatima el valor/peso de las piedras. Triángulos amorosos, parejas de tres en mutuo acuerdo, el rostro del escándalo sexual y vecinal, pero también algo más decisivo, amores alimentados de voluntad y, en la misma medida, de una cotidianidad sanadora y espiritual que, sí, siguiendo con lo anterior, nos aparta de las cosas e ilumina.

Esnifar heroína un tiempo, música de Sting o Roxanne, para comprender que la libertad mayúscula siempre está fuera del calabozo coyuntural y la faca fría en las costillas. Seis rayitas, como desayuno, hasta que se empieza a conseguir aquello que todos los románticos e impresionistas lograron: deshacer la realidad para ser quien llevamos dentro. Micromundo marginal o social, chinas de droga y melenas, anchas camisas floreadas, amor libre, pero también mujeres bravas con ojos de gatas y labios muy líquidos, en último término, ajenas a la conmiseración.

La prodigiosa fuga de Cesia, entre harina con y sin cortar, chocolate barato, chinas que uno mismo lía, tiene flashes de lo más insólito, como postales dentro del desastre cómicas y sin un gramo de grasa: la postura del Ejército Español en Marruecos o el Sáhara, soldados del Tercer Tercio, por ejemplo. Salvador escribe con todo el cuerpo —como Unamuno— y huye de algo que ha visto mucho: la mirada bovina de los hombres alrededor, vacas en el establo de las barras de los bares, sombras con miedo a su expresión y las consecuencias que de ella sacamos, sí, para todos los demás o para nuestro presente más inmediato.
Su microestudio de la muerte, de las muertes cotidianas, lleva al gran friso de la vida sin bridas ni dogal, el de la supervivencia conquistada, como ocurre en sus mejores libros, donde el Ideal —con mayúsculas— nace, no de la florida ocurrencia, sino de haber pasado el mismo una y otra vez por el barro, donde la protección no existe y la necesidad anda siempre por las calles mojadas con los ojos abiertos a las cuatro de la madrugada.

Melancolía, historia, mujeres con ojos de lince y oídos de lechuza, meretrices de saldo y esquina, ninfas que dicen para sí estar más cuerdas que una araña, el narrador es mirada larga y profunda, gracias a Cesia Fornes, a la que posiblemente le falte un tornillo. El desacuerdo con uno mismo —a título de mensaje— jamás debe paralizarnos. El triángulo (reglas, leyes, ideales) no puede estar mejor urdido: “Las personas necesitamos reglas, y construir un ideal con ellas. Sabemos que dicho ideal no suele cumplirse, lo tenemos asumido, pero nos desequilibra que alguien se salte las reglas y no haya reacción. Es como si nos violasen a la hora punta en pleno centro y nadie quisiera enterarse. Entonces aparece la bestia que llevamos dentro”.

La poética de Salvador lucha contra las leyes imperfectas elaboradas a la perfección para una sociedad injusta donde los de arriba siempre salen ganando. Por eso, señores, es un clásico y un romántico, aunque en ocasiones eche mucho humo por la boca como sus malvados personajes, tiernos con las rosquillas del desayuno y la sonrisa rota. Su conquista es la de una vida normal, digna y radiante, siempre con menos cosas, a veces con demasiados porros, ajena a las voces neutras de ritmo monótono que no conocen la ducha o muda de piel de las más fervorosas espontaneidades.










La prodigiosa fuga de Cesia (Luis Arias Argüelles-Meres)



Orfebrería narrativa en cuanto al manejo que el autor hace del marco temporal en el que se desarrolla la acción. Todas las historias que aquí se cuentan y se entrecruzan arrancan en 1960 y concluyen entre 2010 y 2011. La obra tiene dos partes que Pl Salvador estructura magistralmente.

Cesia es una psicóloga que sufre las consecuencias de esa gran recesión, o gran estafa, que nos tocó padecer a partir de 2008 y que, por mucho que se quiera negar, estamos aún lejos de superar. Sus trabajos y sus días dejaron de ser lo que eran y decide escribir una novela, algo que difícilmente aliviará su economía, pero que la atrapa de lleno no sólo por meter en vena las vicisitudes de los personajes que van desfilando por su historia, sino también porque, en un momento dado, la propia Cesia entra de lleno en su propia invención, se relaciona con los personajes, y ellos con la autora, hasta el extremo de que dialogan con ella, se le rebelan y le hacen reproches. En este sentido, puede considerarse que hay un cierto parecido con una de las grandes novelas de Unamuno, con “Niebla”, con aquella “nivola” unamuniana en el que el personaje Augusto Pérez se le aparecía en sueños al autor y se le quejaba por el trágico destino que le había dado. No es baladí esta coincidencia. De hecho, Julián Marías, en su libro sobre Unamuno, advirtió que don Miguel no tuvo seguidores en su manera de novelar, en la arquitectura de sus “nivolas” donde no había paisaje, donde el hondón de los pesares y de los sueños de los personajes ocupaba la trama.

Orfandades, bajos fondos, traiciones, ausencias. Y, sin embargo, el poso que nos deja la lectura de esta novela no es la sordidez de esos ambientes, sino que, antes bien, hay heroísmo, afán de superación, batallas ganadas a las injusticias, recuerdos que vencen a las heridas que deja la muerte, ausencias que también son presencias.

Drogas, prostitución, síndromes de abstinencia, endiosamientos, realidades que tardan en ser conocidas por los personajes y que, no obstante, asumen con valentía y rescatan lo mejor de aquellas personas que han perdido, como es el caso de Jairo.

Nos encontramos no sólo con un manejo de las técnicas narrativas realmente admirable, sino que además PL Salvador consigue que, aun tratándose de una novela más extensa de lo que viene siendo habitual, nos resistamos a abandonar la lectura, y ello no obedece a que la trama sea más o menos trepidante, sino a la orfebrería del narrador que logra que lleguemos a lo más lírico de sus personajes sin dramatismos exagerados, sin necesidad de almibarar con finales felices.

Cesia se fuga de su mundo, la crisis la empuja hacia otros horizontes y nos muestra no sólo las vidas y vicisitudes de sus personajes, sino también una realidad social magníficamente plasmada, sin que ello suponga —y aquí está otro de los muchos méritos de esta novela— incurrir en un realismo romo. También hay fantasía, también la realidad es deformada para que Cesia tenga su protagonismo al principio y al final de la trama.

“La Fuga de Cesia” es una excelente novela, innovadora técnicamente y, al mismo tiempo, ofrece unas historias magníficamente contadas que podrían haber sido tomadas del “natural”. Cesia, como narradora omnisciente y, a la vez, como personaje, no sólo inventa la trama, también sabe inventarse y reinventarse a sí misma, con notable éxito narrativo.





La prodigiosa fuga de Cesia (Cada vez que te leo)



Muchas veces lo he dicho, y lo vuelvo a repetir: la metaliteratura es un género/recurso que da mucho juego y que muchos autores utilizan para crear fantásticas historias. Pues bien, a PL Salvador le gusta jugar con ella y no lo hace mal, pero que nada mal. ¿El resultado? Pues el que ahora y aquí mismo os traigo, además de otras novelas como Nueve semanas (justas- justitas).

¿Sabéis? Creo que la sinopsis dice lo justo para que os hagáis una idea de qué va la novela, así que voy a desviarme un poco de la tangente y voy a ir directa a lo realmente interesante:

1. Cesia, ¿la protagonista? Sé que parece extraño, pero deciros que Cesia aparecerá en contadas ocasiones, y aunque sin ella no habría novela, su papel, crucial, es mínimo. Y entonces, ¿quiénes son los verdaderos protagonistas? Pues los personajes que Cesia creará al comenzar a escribir su nueva novela, en especial Jairo, Eva y Wanda, entre muchos otros.

2. Metaliteratura. Como os decía al principio, esta novela rezuma metaliteratura por doquier. Al igual que La historia interminable o La guía del autoestopista galáctico, se trata de una novela que contiene a su vez otra novela. Y aquí también pasa algo extraño, y es que el mundo creado por Cesia nos presenta una realidad más creíble que la propia existencia de Cesia, en la que poco a poco, irán ocurriendo hechos algo extraños, rozando de esta forma el realismo mágico. Así pues, tenemos dos mundos (el real y el ficticio), cuyas fronteras se irán desdibujando y entrelazando.

He de decir, y a mí me ha pasado, que mientras lees la novela de Cesia, ésta tiene tanto peso que llegas a olvidarte de que es una novela dentro de otra hasta que de repente aparece de nuevo Cesia. Choca un poco ver que realmente la acción y los personajes potentes están en la novela ficticia creada por Cesia. 

3. Binomio Escritor/Personaje. Entre sus páginas nos vamos a encontrar interesantes reflexiones que hacen referencia al proceso que experimenta un escritor mientras está escribiendo y crea a los personajes. En este caso, Salvador nos lleva hasta el extremo, porque veremos como Cesia se relaciona e interactúa con sus propios personajes, que parece ser han cobrado vida. ¿O sólo está en la imaginación de Cesia y se está volviendo loca?

"Cesia se estira en su asiento. Le disgusta el rumbo que ha tomado la historia. Y no puede hacer nada, pues los personajes se han hecho con el control. Ante sus ojos surgen giros inesperados, escribe cosas que ni siquiera ha pensado, se ha convertido en una máquina de escribir orgánica."

4. La novela de Cesia. Está bien, ya sabemos de qué va la novela que ha escrito Salvador. Pero ¿y la novela que escribe Cesia?  Sólo os daré una par de pinceladas:

La acción tiene lugar en varios puntos de España y discurre a lo largo de 51 años (desde 1960 hasta 2011). Su protagonista principal es Jairo, pero tendrán un importante papel las mujeres que formarán parte de su vida. Unos protagonistas caracterizados por su fortaleza, que se perderán y se encontrarán en varios momentos de sus vidas, marcados por las drogas, el mundo de la prostitución y el crimen. Personajes que luchan por ser mejores y que intentan rectificar sus propios errores. Algunas veces lo conseguirán, y otras no.

Y como siempre, la pluma del autor es directa, sencilla y sin tapujos, a veces vulgar y otras, lírica, de acorde con la ambientación y la historia. Una novela que, a pesar de su extensión, se lee de forma rápida y fácil. A destacar su último párrafo, que me ha parecido precioso.

Resumiendo, La prodigiosa fuga de Cesia es una novela donde la metaliteratura cobra su máxima expresión, donde dos mundos/realidades llegarán a coexistir llevando a sus protagonistas, reales y ficticios) por derroteros desconocidos.





La prodigiosa fuga de Cesia (Entre lectores y libros)



Conocí la pluma de PL Salvador por casualidad, gracias a un sorteo. Resulté ganadora de un ejemplar en papel de su libro 2222 y me sorprendió lo mucho que me gustó la pluma del autor. Así que cuando me dijo que sacaba nueva novela supe que tenía que leerla. Y lo primero que me llamó la atención cuando la tuve en mis manos fue su extensión, ya que no esperaba una obra de más de 400 páginas. Lo que no debería haberme sorprendido es el resultado de la lectura. Sabía que iba a gustarme, pero os aseguro que no esperaba que fuese a engancharme de esa manera, ni que un personaje me atrapase de la manera en la que lo ha hecho Jairo.

Cuando llega la crisis económica, la psicóloga Cesia Fornes pierde a la mayor parte de sus pacientes. Eso le permitirá dedicar tiempo a la escritura, y se embarcará en la creación de una nueva obra. La escritora se implicará tanto con su creación que esta la termina absorbiendo entre sus páginas.

La prodigiosa fuga de Cesia es una novela de ficción contemporánea que no sé muy bien en qué género englobar, ya que tiene un poquito de todo. La edición es en papel, está encuadernada en tapa blanda con solapas, el tamaño de la letra es cómodo, tiene una extensión de 464 páginas y está ambientada en la ciudad de Valencia aunque salen otras localizaciones. Está narrada en tercera persona. Me ha gustado mucho la portada, y queda muy bien el que tanto la contraportada como las solapas interiores estén integradas en la misma foto.

La novela está dividida en 2 partes claramente diferenciadas, siendo la primera la más extensa. Comenzaremos en el año 2010 donde conoceremos a Cesia, para posteriormente meternos de lleno en la novela que ella escribe. La narración de esta obra comienza en 1960 y nos llevará hasta el año 2010. Cada capítulo será un año, y en ocasiones regresaremos a la época de Cesia.

En esta primera parte conoceremos a Eva, una mujer con una vida complicada que estudia para ser enfermera, y capítulo a capítulo seremos testigos de su vida, de la de su hijo Jairo y de lo que les depara el destino. La segunda parte transcurre en el año 2011 y seguimos siendo fieles lectores de la obra de Cesia.

La novela me ha sorprendido gratamente. Tenía esperanza en que me gustase después de haber leído otro de los libros del autor, pero no esperaba que me enganchase tanto. Los personajes son geniales y el punto fuerte de esta novela. PL Salvador nos ofrece un variado elenco de personajes carismáticos, reales y cercanos que toman decisiones y viven en consecuencia a ellas. No puedes evitar encariñarte con la mayoría de ellos. Son muy humanos y sus caminos no siempre van en línea recta.

Aunque La prodigiosa fuga de Cesia tiene 464 páginas, la lectura no se hace pesada en ningún momento, al contrario. Es una de esas novelas con la que no puedes evitar caer en la tentación de leer un capítulo más, y el que la mayoría sean muy cortitos no ayuda a resistirse a la tentación de continuar. La pluma de PL Salvador es muy directa y te envuelve sin apenas darte cuenta. 

El autor tiene la habilidad de describir personajes y situaciones cuando el lector necesita de esa información, pero a la vez va al grano cuando la trama pide que sea directo. Esto hace que la lectura sea ágil, y fácil pero sin que sientas que te estás perdiendo nada. Los giros en la trama hacen imposible el aburrimiento ya que cuando parece que tienes ya encarrilada la lectura ocurre algo que lleva por otro lado. El final me ha gustado mucho y me ha sorprendido a medias. Varias de las situaciones que Salvador nos narra hacía que lo intuyese, pero algunos de los giros me descolocaron. 

Me gustaría contaros algunas de las cosas que más me han gustado de esta obra, pero mucho me temo que no puedo explicaros más porque si no ya no tendría gracia leer la novela. Pero son muchas las cosas que me dejo en el tintero. Lo más que puedo deciros es que veréis a varias personas tomar decisiones, más o menos acertadas, que condicionarán sus vidas ya marcadas muchas veces por su entorno. Tendremos segundas oportunidades, varias historias de amor y rencores, envidias y traiciones. 

La prodigiosa fuga de Cesia es una novela muy completa, que te engancha totalmente y te deja pensando en ella cuando cierras el libro. Me ha gustado mucho y creo que va a ser una de esas historias que voy a tardar en olvidar. Os animo a que le deis una oportunidad a esta novela o a cualquier otra obra del autor. 



La prodigiosa fuga de Cesia (Ni un día sin libro)





Hace algo más de dos años, la lectura de Nueve Semanas nos abría las puertas de la obra de P.L. Salvador. Esos primeros destellos, los que uno descubre con una primera obra (no necesariamente ópera prima, sino entendiéndola como primera experiencia lector-escritor), no tienen precio. Después llegó 2222, libro que marcó nuestro año (2017) y que nos confirmó que la propuesta del autor alicantino se abría camino de manera contundente con la fuerza imparable que proporciona el talento. La noticia de la publicación de su nueva novela, La prodigiosa fuga de Cesia, volvía a encender las alarmas de nuestro blog. Las lecturas en curso se interrumpieron e iniciamos un nuevo viaje —el tercero— con P.L. Salvador.

Como en la ocasión anterior, el cuerpo me pide contaros mi experiencia en siete actos:

Uno. La literatura como salvación. Nos encontramos en la España actual. La psicóloga Cesia Fornes está sufriendo los terribles efectos de la crisis. Ya no tiene apenas pacientes y su vida en general se desmorona. La salvación la encuentra escribiendo. Así, comienza a escribir una novela que le cambiará la vida, que se convertirá en su vida.

Dos. El protagonista. El protagonista de su novela es Jairo. Somos testigos de su vida desde su nacimiento, año a año. Desde 1960 hasta la actualidad (2010). Cada capítulo es un año donde vemos la evolución de su vida de cómo las mujeres que le rodean le modelan y configuran como ser humano: Eva, Carla, Lula, Wanda, Nina… Todas son parte de su vida, aparecen y desaparecen cuando la novela lo exige. Porque, amigos, esto es una novela. Ficción dentro de la novela real.

Tres. La protagonista. ¿Qué pasaría si fuera posible abrir una puerta que nos permitiera entrar en las historias que leemos? La propuesta ya es por sí misma maravillosa, como Bastian en la historia interminable. Convertirte en el héroe de la novela que lees. Pero, ¿Y si eres tú el que está escribiendo la novela? ¿Y si son los personajes de la novela los que, una vez fuera de la historia que tú escribes, vienen a verte? Eso es justo lo que le ocurre a Cesia.

Cuatro. Una historia a dos velocidades. La prodigiosa fuga de Cesia tiene dos partes que se mueven a velocidades muy diferentes:
En la primera parte, el desarrollo de la historia —un capítulo por año, breve, más las historias “reales” de Cesia— nos ofrece una panorámica general de la narración. No hay detalles, prima el frenetismo y la riqueza de la trama, compleja y multifacética. Los personajes entran y salen. Son el reflejo fiel de la situación vital de Cesia. Todos los personajes son Cesia. En contraste, la segunda parte detiene el ritmo frenético para vivir día a día el final del relato del libro escrito por Cesia. Con Cesia como protagonista. No solo estamos hablando de ritmo literario (que también) sino de estilo y de exploración en el perfil de personajes. La velocidad afecta al contenido, más reposado, más psicológico, más intimista. Si te gusta la fotografía, la analogía inmediata es la del objetivo que utiliza Salvador en cada una de las partes: en la primera escribe con un gran angular, mientras que en la segunda ha decidido empuñar un objetivo con un potente zoom.

Cinco. ¿Somos lo que creamos? ¿O creamos lo que somos? La novela nos lleva a plantearnos estas cuestiones. Nuestra capacidad de decidir nos configura como seres vivos y nos construye día a día como seres humanos. En nuestros actos y en nuestras creaciones. Somos lo que hacemos. El cineasta, el escritor, el pintor, el músico. Todos dejan trozos de su alma en sus creaciones. Como Cesia en sus personajes. Como Salvador en Cesia (y en los personajes de Cesia).

Seis. La obra más personal de P.L. Salvador. Aunque no lo parezca, al tratarse de lo más parecido a una novela de género. El gran mérito del autor es que en un formato más o menos convencional (a priori menos original que sus dos obras precedentes) logra una de las novelas más personales que he leído en los últimos tiempos. Es difícil pensar que el largo periplo vital de Jairo, con sus ascensos y caídas, con su capacidad para levantarse, no son en realidad un trozo del escritor, que utiliza a Cesia como mecanismo de distancia que le he permitido escribir sobre sí mismo. Quién sabe si esta simpe conjetura es también pura ficción.

Siete: Nueva editorial. De Pez de Plata a Última línea. P.L. Salvador evoluciona y parece sentirse más libre (si cabe) en esta nueva aventura editorial. Creo sinceramente que al autor alicantino le esperan retos mayores. Estos pasos editoriales parecen, desde la distancia, pasos firmes – y seguros – que van irremediablemente encaminados hacia algo grande. Esperamos ser (seguir siendo) testigos de ello y de seguir disfrutando de autores que como Salvador, hacen del talento y esfuerzo su principal (y único) motor creativo. Estaremos muy atentos, porque si llegar es un privilegio, ser testigo de ello no lo es menos.




La prodigiosa fuga de Cesia (Ciudad Real Digital)


PL Salvador, colaborador nuestro desde hace años, acaba de publicar ‘La prodigiosa fuga de Cesia’, novela que nos adentra en la vida de una psicóloga que —en 2010— sufre la crisis. Cesia, angustiada por la falta de trabajo, se pierde en su literatura para olvidarse de un mundo que se ha olvidado de ella.

La historia arranca en 1960, en el momento en que a Jairo —cuatro añitos— le extirpan las amígdalas. «Como no recuerda nada anterior a esa fecha, deduce que hasta entonces fue un ser sin consciencia. Se podría decir que su madre fue el dolor; y su padre, el miedo. Una imagen se destaca con nitidez: un sillón alto y blanco, de hospital. Todavía siente los implacables brazos del médico que le encajó en él, su impiedad, y el gélido hierro del trono. En aquel momento aprendió a sufrir».

La novela nos mete en la Valencia de los sesenta, de los setenta, Jairo va creciendo a la sombra de una madre que le tiene fascinado. «En esos días, siendo él tan pequeño, la relación afectiva se percibía descompensada a favor de ella, que viviendo el mejor momento de su particular esplendor, tenía embobado a ese proyecto de hombre que aún tardaría una eternidad en estar a su altura. Por eso todo lo que Eva hacía estaba bien, todo lo que decía tenía sentido, su actitud era siempre y en todo lugar ecuánime. Toda ella le parecía hasta tal punto magnífica. Y sus hipotéticas faltas eran para él virtudes. En definitiva, Jairo vivía enamorado de su madre y ella del hombre que un día sería».

La primera parte de esta inclasificable obra se estructura por años, y nos lleva hasta el 2010. Cincuenta años en cincuenta capítulos. La historia contiene personajes de todo tipo, y giros que sorprenden hasta a la propia escritora, pues no hay que olvidar que es Cesia quien escribe la historia que da vida a Eva (la enfermera de película) y a Jairo (el hombre de los abrazos).

Como pensamos que ya hemos contado bastante, terminaremos esta presentación mencionando a los personajes más relevantes. Por un lado tenemos a Max (el hombre admisible) y a Santiago (el militar integérrimo). Por el otro, a Carla (la mujer de la párvula sonrisa), a Lula (la madrastra de la cálida mirada) y a Wanda (la megaestrella quejillosa). Sin olvidar al Miguelo (el atracador enigmático) y a Nina (la enfermera vocacional).

‘La prodigiosa fuga de Cesia’ es, sin duda, un excelente ejemplo de carpintería narrativa, pero, además, nos ha hecho pensar en una novela concebida para que el lector también se fugue.




         


Nueve semanas (Cartagena Diario)



Con Nueve semanas (justas-justitas), publicada por Pez de Plata, me encuentro ante la difícil tarea de reseñar una obra cuyo prólogo es, por sí solo, una magnífica recensión. Conociendo mi imposibilidad para superar el espléndido comentario de Constantino Bértolo, voy a pedirle prestadas sus palabras para comenzar:

“Esta inclasificable novela —que es y no es esperpéntica, que es y no es picaresca, que es y no es quijotesca, que es y no es novela popular—”.

Inclasificable. Mi segundo problema. ¿Cómo llamar a un libro con múltiples voces, todas ellas sabiéndose escuchadas (o leídas) por las restantes? Un libro que —utilizando la estela de Constantino— es pero no es un diario, que es pero no es una novela. Un libro que podríamos llamar experimental, como él mismo se define en el primer párrafo:

“Experimentemos. Es un decir. Yo voy a experimentar. Vosotros podéis acompañarme en este viaje, y tal vez terminéis entrando en la historia, aunque no hay nada seguro, ni siquiera ¡yo! sé qué va a pasar de aquí en adelante”.

Y es que P. L. Salvador, autor de este texto tan peculiar, ha logrado crear una obra metaliteraria. Una obra magnífica creada a partir de un intento de obra igual de magnífico puesto que son una y dos a la vez.

Bloss es un cuarentón sin oficio ni beneficio que se percata una mañana cualquiera del paso del tiempo. Ya no es un veinteañero y no ha logrado nada en la vida. Guaperas y pícaro, las mujeres le dan lo que necesita. Pero ¿cuánto durará su atractivo? Es entonces cuando comienza este diario. Un diario sobre el que se asentará la narración pero que estará formado por múltiples voces. Y esto tan difícil de lograr, Salvador lo realiza con una facilidad que sorprende.

Una novela que gustará, especialmente, a aquellos que buscan convertirse en escritor:

“Y la primera definición de «escritor» es: persona que escribe. O sea, yo. Y esta tontería me ha alegrado el día, pues de repente me he sentido reconocido por la mismísima RAE (hoy sin puntos ni blancos de separación)”.

Incluso el autor rechazado por las editoriales y sus sentimientos tienen hueco en las 127 páginas de esta novela corta.

Ironía, juegos del lenguaje, voces múltiples, una historia circular y un estilo único: eso es Nueve semanas (justas-justitas). Nueve semanas en las que la vida puede cambiarte o tú cambiar la vida. P. L. Salvador y Pez de Plata lo han vuelto a conseguir.



Escrito por Mónica Pelluz, colaboradora de Cartagena diario.




2222 (bibliotecadekahlaban)



No siempre, en literatura, se cumple eso de «cuanto mejor, más». Aquí sí. P. L. Salvador va directo al núcleo de la historia en una novela corta, al nivel de la mejor ciencia ficción, narrada en primera persona por cuatro de sus personajes principales: Zalt (multimillonario [en crisis]); Kest (ginoide [de última generación]); Rut (doctora [de mirada limpia]), y Fánot (artista [cibernético]). Lo hace sin largas descripciones, apoyándose en patrones sobre los que el lector va trazando el carácter de un robot casi humano (la ginoide Kest) o la esencia de una finca autosuficiente en medio de un planeta (agotado, lleno, caótico).

Una Tierra del futuro donde se hacinan 20.000 millones de personas y en donde la finca, convertida en un experimento de ingeniería social, aparece como modelo a seguir más allá del año 2222 (si es que llega al 23). El multimillonario Zalt es quien acoge a un grupo complejo y liderado por un hombre hermético, conocido como el «Coronel», que acabará poniendo al clan ante preguntas que ninguno quiere formularse: «Imaginad un mundo mejor. ¿Qué añadiríais? ¿Qué quitaríais? Pensadlo bien».

Las respuestas, que ya han sido definidas por otros, colocan al grupo frente a un dilema ético en el que solo cabe la aceptación o la repulsa, una dicotomía que divide al resto del mundo entre organizadores, colaboradores e indignados (vengativos o no). En mitad del drama, destacan las ideas de la ginoide Kest —que se muestra, paradójicamente, más humana que los humanos— y el humor negro del autor, quien amolda el lenguaje a su estilo mediante frases concisas y paréntesis llenos de significado(s).


2222, PL Salvador

Editorial Pez de Plata. Primera edición: octubre de 2017.




2222 (José Vicente Peiró)




2222 es una novela singular de un autor singular que se sale de los esquemas habituales por sus planteamientos y argumentos. Personalmente me sorprendió con Nueve semanas, su novela anterior, con ese vividor, un golfo en toda regla, Bloss, un escritor que está escribiendo una novela sobre su día a día. Pero no cualquier novela. Esta novela. Sí, esta misma. Metanarratividad: escribir una novela que es la misma novela, procedimiento ya asumido. Pero la particularidad del trabajo estriba en que el personaje es consciente de que hay alguien leyéndolo.
Bloss es un tipo raro que vive de las mujeres que se dejan que viva de ellas. Pero resulta que él no es el único que escribe la novela. Y tampoco es una novela a cuatro, seis, ocho o veinte manos: son todos los personajes quienes escriben y hacen la novela, porque de esa forma la subjetividad ayudará a conformar la objetividad de la narración. Los testimonios en primera persona dan las claves de su argumento.
Y en esta misma línea está la novela que hoy presentamos. Porque está compuesta de cinco diarios, cinco confesiones distintas que curiosamente están dispuestas con un orden que permite construir el argumento, que dispuesto de otra manera sería totalmente lineal. La polifonía permite construir la historia de ese mundo «levantino» distópico, de ciencia-ficción, aunque Calpe y Benissa sean algunos de los espacios donde se desarrolla el relato.
La distopía 2222 es en realidad una disección del camino que llevamos. Pero lo que atrae es sobre todo el estilo. Hemos hablado de Nueve semanas. Aquí repite el esquema de distintos narradores-personaje repartiéndose la función de contar la historia. Salvador tiene un estilo, lo cual ya es importante. Incluso en las referencias a sí mismo y su grupo de música Prolýmbux, en una demostración de autoficción y metaliteratura.
Frases breves y muy directas, el uso de los paréntesis y corchetes en el diario de la ginoide Kest sobre todo, los curiosos nombres de los personajes o los neologismos por deformaciones como hójac por hoja o croisín por cruasán. Y va al grano, con diálogos sintetizados y punzantes: ¿para qué contar una historia en 600 páginas si tiene bastante con 102? Sorpresas y giros argumentales muy atractivos, incluso el inicio de cada una de las cinco partes del libro. Estilo propio. Muy propio, reconocible y personal. Estilo que cuenta una historia y no olvidemos que el objetivo de la ficción es contar, no ensimismarse.
Todo lo narrado podría ocurrir mañana. Por eso, estamos ante un libro ético. Un libro lleno de humanidad, de defensa de los valores que nos distinguen de los animales. No está en contra de la tecnología: está a favor de que la tecnología sea un instrumento para facilitar la vida, no para convertirnos en esclavos de los cachivaches y trastos electrónicos.
Los personajes se van completando unos a otros. No haré una descripción de los mismos porque es mejor sugerir que explicar cuando se ha de disfrutar de una novela. Descúbranlos porque merecen la pena, por lo que cuentan y por lo que representan. Reitero lo que digo siempre: las mejores historias de ficción son aquellas con personajes fuertes e inolvidables, La Regenta, Don Quijote, Lolita… Fuertes que muestran las debilidades humanas.
¿Somos capaces de gestionar el mundo? No. Es la conclusión. Pero en el fondo el ser humano es encantador. A pesar de todo.
Me quedo con unas líneas: «Se puede aceptar cierto progreso. Hasta que empieza a alterar negativamente la cotidianidad de la persona. Haciéndola infeliz». Un gran resumen de las intenciones de esta obra.


Texto original


2222 (Blog literario Las Inquilinas de Netherfield)


El año pasado os traje Nueve semanas (justas-justitas), novela del autor valenciano P.L. Salvador. En aquella reseña ya eché el resto en cuanto a intentar exponer la particular prosa de este autor, así que esta reseña me la tomo con más tranquilidad... al menos en la forma, porque el fondo, al menos para mí, es mucho más profundo. Dejamos a un lado el tono más desenfadado de su anterior novela, y nos ponemos serios.
Estamos en el año 2222 del títuloZalt es millonario y vive en una finca a varios kilómetros de la casa más cercana. Acaba de fallecer su única hija, es viudo y solo le queda su nieta de 13 años. Aparece en su vida, de la nada, y tras más de una década sin verse, el coronel Nat... y llega para quedarse. Pregunta, pregunta, pregunta... y organiza, dispone, anticipa. Progresivamente aleja el hogar de Zalt de la civilización, incluso al propio Zalt de sus negocios, y al tiempo va trayendo gente nueva para que viva en la finca: los elige él, o los que ya están traen a conocidos, y siempre por cada hombre entra una mujer, o viceversa. Todos con ideales comunes, todos con altas probabilidades de emparejarse y de procrear. También conviven con ginoides, androides cuya perfección varía dependiendo de la finalidad con que fuesen creados y de la generación a la que pertenecen.
Los habitantes de la finca son cada vez más autosuficientes, más independientes del exterior, están más satisfechos con ese microcosmos: lo que ocurra fuera no importa, solo importan ellos. Todos se dan cuenta de que este coronel está creando algo parecido a una comuna perfecta, pero también son conscientes de que tiene que haber algo detrás de eso: un propósito. Y cuando ese propósito es revelado, estalla la crisis, porque no todos lo consideran moralmente aceptable. Algunos se rinden a lo inevitable; otros no quieren formar parte de ello. Pertenecen al grupo de los elegidos para salvarse del exterminio de la raza humana, ¿pero con qué derecho?
Como veis estamos ante una distopía, una novela de ciencia-ficción, pero que se aleja mucho de los parámetros del género. El estilo de Salvador es una de sus principales fortalezas: autenticidad narrativa y personalidad única, singular. No hace falta mirar la portada para saber que es suyo: lo sabes en cuanto lees dos líneas. No puedo hablar por nadie más, pero a mí, francamente, es algo que no me ocurre habitualmente en la literatura contemporánea, y a él lo reconoces al primer vistazo. Frases cortas, directas a la yugular, pinchando como el aguijón de una avispa en el sitio preciso; uso y abuso de paréntesis y corchetes sin ambages ni miramientos, pasándose por el arco del triunfo lo estilísticamente esperable y aconsejable; varios narradores que se pasan el testigo, que se leen unos a otros antes de hablarnos con su propia voz, y que hacen avanzar la historia desde distintos puntos de vista. Salvador tiene un estilo narrativo personal, propio, y eso es algo que se tiene dentro o no se tiene, que se sabe plasmar sobre el papel o no se sabe, y además es tan personalísimo que no me extrañaría nada que apareciese alguien en el horizonte en algún momento dado con retufillo salvadoriano. Se presta a ello, a la "copia", como todo lo innovador.
Otra de las características más evidentes de este autor, al menos en sus dos últimas novelas publicadas, es saber contarte toda una historia en apenas 100-150 páginas. Aplaudo la honestidad de un escritor que se desmarca de la tendencia general de rellenar páginas y páginas de morralla cuando la historia no las necesita. 2222 tiene 102 páginas; os aseguro a aquellos que no os gustan las novelas cortas, porque os da la sensación de que se os quedan a medio gas, que esta historia cumple igual que otra con el triple de longitud. Cuenta más en esas 102 páginas que otros en 500; no necesita inventarse páginas de la nada más absoluta para razonar su trama.
Y llegamos a algo muy importante. Esta distopía es tremendamente actual. Tremendamente de hoy en día. Si dejamos a un lado a los ginoides, el futuro que el autor plantea podría ocurrir mañana mismo, podría estar ocurriendo ahora. Se ha ido doscientos años en el futuro para hablarnos de nuestro presente, para plantearnos preguntas de nuestra realidad, para hacernos reflexionar sobre el camino que andamos y hacia dónde nos conduce. Si el planeta fuese incapaz de aguantarnos a todos sobre su faz, si se muriese porque chupamos todo lo que nos da sin ofrecer nada a cambio, si la población en la Tierra se hiciese insostenible... ¿qué pasaría? ¿Qué opciones quedarían? ¿Qué salidas? ¿La moralidad de esas opciones sería un factor a tener en cuenta o se impondría la necesidad acuciante de llevarlas a cabo? ¿Debe prevalecer la medida sobre el método?Porque la historia nos cuenta mucho, pero también está creada para darle un empujón al lector, para estimular su proactividad, para que use su imaginación y una puntos, enganche hilos y rellene espacios entre narrador y narrador. Filosofía, ética y humanismo intentan darse la mano, pero no siempre lo consiguen. Y eso da mucho en lo que pensar.
Además, esta historia tiene tanto de distopía como de ínfulas de utopía por parte de los impulsores del exterminio, y la sociedad perfecta que ingenuamente se busca en la historia es algo que el hombre es incapaz de gestionar: no forma parte de su naturaleza. Un mundo sin política, sin religiones, sin tecnología, sin propiedad privada... El autor nos ofrece resquicios de esperanza pero al mismo tiempo pone sobre la mesa la heterogénea imperfección del ser humano, lo poco confiables que somos, esa falta de sentido común que llevamos de serie y que nos podría llevar a la situación que se plantea en la historia. La sociedad humana es incapaz de cambiar. ¿La pescadilla que se muerde la cola? Sí y no. Tendréis que leer el libro para saber qué ocurre en 2222 en una pequeña localidad de la costa de Alicante, porque una vez que empieza el exterminio, la historia guarda unas cuantas sorpresas y giros: no deis nada por hecho.
No puedo obviar el componente metaliterario que sucintamente introduce Salvador en la historia, componente que la primera vez que aparece te hace sonreír y te sorprende a partes iguales. El propio autor se cuela en la historia como tatataradeudo del protagonista, y su obra pervive todavía en su biblioteca. Llega a ser, junto a su grupo musical Prolymbux, el autor favorito de uno de los personajes...  si lo miramos en perspectiva, sería un autor clásico para un lector del 2222. Y encima echa el resto e incluye un relato suyo auténtico escrito en el año 2000, El retraso, que es realmente fantástico. ¿Egocentrismo? No, o no al menos mal entendido. Yo lo he visto más bien como un guiño picarón. ¿Por qué no hacerlo? Ya digo arriba que el discurso narrativo de Salvador va por libre, no se parece al de nadie y camina por unos márgenes creativos que le dan completa libertad como autor.
Nueve semanas me gustó mucho, pero 2222 ha ido todavía más allá. Mucho más allá. Te da en qué pensar, te enfrenta a una realidad que como ya digo tiene más de 2018 que de doscientos años en adelante, te pone en disyuntivas que de por sí evitarías, te arrincona para ponerte en el lugar de los protagonistas, y lo hace construyendo unos personajes principales que comprendes en todas y cada una de sus disyuntivas. Y además es una historia entretenida, muy entretenida, que se lee tan deprisa o tan despacio como tú quieras hacerlo, e invita a relectura asegurada. Muy recomendable, en serio. Da igual que os gusten o no las distopías, da igual que os guste o no la ciencia-ficción, da igual que os gusten o no las novelas cortas. Cuando se presenta un autor que tiene tanto que contar, que sabe cómo contarlo sin parecerse a nadie más y además lo cuenta así de bien, hay que leerlo.





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