2222 (Alicante Plaza)


La preocupación por el medioambiente, la sobreexplotación de los recursos naturales y el tamaño desmedido de la especie humana son una constante en la reflexión filosófica y la novela de ciencia ficción desde los tiempos de la creación de la hipótesis Gaia.
«No me gusta que la Real Academia de la Lengua vaya cambiando las definiciones de las palabras», comentaba el autor de 2222 en una de las presentaciones de su novela,  «en la definición que hace unos años se encontraba en su diccionario de la entrada “plaga”, la especie humana se encontraba ahí. Ahora nos han sacado de ahí, para que no resulte tan crudo, pero lo seguimos siendo, una plaga, y de esto trata un poco esta novela». 
La editorial asturiana Pez de Plata, especializada, con sus propias palabras en narrativa humorística y literatura de género, aunque todo vale cuando nuestros autores persiguen a través de sus obras el gran objetivo perturbador: la provocación de sensaciones materiales en el lector, ha acogido en el seno de su colección Narrativa Pez de Plata esta obra breve, una nouvelle de apenas un centenar de páginas de lectura rápida y obsesiva, gracias, en parte a la estructura en pequeños capítulos concatenados como entradas de diario, un diario escrito a ocho manos entre cuatro de los personajes principales de la historia, Zalt, el millonario anarquista que se convierte en el deus ex machina que pone en marcha la narración, con su altruista acogida de invitados excéntricos en su mundo golpeado por la muerte y la pérdida, Nat, un enigmático militar de alta graduación, que aparece de repente como interlocutor con su método dialógico de plantear preguntas sin respuesta, no quedando muy clara la filiación anterior con su anfitrión, Kest, un humanoide femenino de última generación que no podemos evitar emparentar con la replicante Rachael de Blade Runner, y su creador, Fánot, este sí algo menos taciturno que su posible antecesor bladerunneriano J. S. Sebastian
Con un estilo particular que conjuga una sintaxis contundente, a veces obsesiva, y un léxico que nos retrotrae a la mejor versión de la CF, aquella que contextualiza en los detalles sólo como ancla para llevar hasta las profundidades el ansia de conocimiento del espíritu humano, con ecos del mejor Stanislaw Lem, el lector se ve arrojado de lleno a una situación que durante las 15 o 20 primeras páginas le hace fruncir el ceño en alguna que otra ocasión, todavía ajeno, todavía extrañado y sin saber muy bien hacia qué derroteros, tanto narrativos como argumentales, le va a llevar el autor. A partir del momento en que la extrañeza pasa a ser filiación, la intriga, junto a la fascinación por cómo consigue convertir una reflexión tan evidente como la de la sostenibilidad en discurso político radical y, al mismo tiempo, no sonrojante, se adueñan de una lectura voraz.
«Esta es mi séptima novela publicada, pero sólo estas dos últimas están escritas en un estado de ánimo especial, sin esquema previo, sin guión casi. Son “novelas anímicas” que reflejan mi estado de ánimo del momento. La anterior, Nueve semanas es agitada, irónica, mientras que esta 2222 es tranquila, sosegada, un espíritu contemplativo, como el del propio personaje central, Zalt. En 2222 el estado de ánimo que tenía al escribirla era un estado de ánimo social, analizo en ella la situación social y entro en mi particular túnel del tiempo, para ver cómo estarán las cosas dentro de 200 años. Aunque soy escéptico en cuanto a la sociedad, creo en el individuo y así defino el estado de ánimo que me lleva a escribir esta novela».
Aunque nacido en València, el escritor autoidentificado como calpino Salvador Pérez López (València, 1959), bajo el pseudónimo P. L. Salvador, da carta de autentificación a su pasión literaria, pasión que sólo puede ser entendida desde su autorreconocimiento como autodidacta… qué escritor no lo es, al menos en cuanto supera los límites de la técnica aprendida, para convertir sus escritos en literatura. Creador de joyas, trabaja sobre ellas con los mismos dedos con que puntea las cuerdas de su guitarra, en el grupo Prolýmbux, mientras idea de qué manera introducirse entre las líneas de sus creaciones. Se echa de menos, en el reverso de la preciosa tarjeta de dramatis personae que acompaña la cuidada edición de Pez de Plata, un score, una lista de temas que puedan acompañar en la lectura.
Para presentar la trama, nada mejor que las propias palabras del editor, impresas sobre la contracubierta: «Imagínate en el año 2222. Imagina un planeta superpoblado donde convivimos con robots, aeronaves personales y androides de todo tipo. Como somos demasiados, los elementos deletéreos lo tienen fácil. Lo que antes mataba a seis personas, ahora mata a seis mil. Imagina cuánto paro habrá. Cuánta insatisfacción. Imagina hambrunas, hacinamiento, epidemias, catástrofes naturales... ¿Todavía crees en la humanidad? Piénsalo.
Ahora imagina una casa de campo y un grupo de personas que quieren vivir al margen de la sociedad. Imagina que eres una de esas personas. Visualízate. Si ya te ves dentro de esta historia, responde a la pregunta que la inicia: “Imagina un mundo mejor. ¿Qué añadirías? ¿Qué quitarías? Piénsalo bien”».
Contextualizar esta trama en los escenarios de Calpe y Benissa lo hace todo aún más auténtico. Especial atención al relato El retraso, introducido en la trama como un mcguffin de magnífica factura, que además juega al juego de los espejos.


Eduard Aguilar


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