DIARIO DE CAMPO (Rosario Izquierdo)



Cerraré mi particular abril literario hablando de otra gran obra que, pese a las buenas críticas(1), ha pasado desapercibida para el gran público, como si a ese gran público solo le interesaran los libros intrascendentes que tanto promocionan las grandes editoriales.
La autora, Rosario Izquierdo(2), no se conforma con contarnos una historia más y se entrega entera en este libro que adjetivaré de humilde, femenino y humano: una mirada inteligente que tanto mira hacia fuera como hacia dentro.
Diario de Campo no mueve a risa (ni a sonrisa): pone de manifiesto las carencias del sistema que rige nuestra sociedad mediante el testimonio de una rebelde con causa que, a pesar de su «sensación de tiempo perdido», siempre ha estado en la brecha y sigue en ella.
Por eso no estoy de acuerdo con la protagonista cuando se dice: «Te atabas muy pronto a “ese hippy” [...], creyéndote una especie de guerrillera antisistema, pero no quisiste atarte a un trabajo estable y mucho mejor pagado que el de tu madre, que hubiera sido lo verdaderamente revolucionario», pues ese trabajo estable con aroma burgués no me parece revolucionario; de hecho, muchas mujeres tienen «trabajos estables», de esos que las «atan de por vida a cualquier institución», y a mí ese camino me parece más borreguil que revolucionario.
Entiendo, pues, que la protagonista habla de una revolución interior, de la posibilidad que tuvo de luchar contra su rebeldía, contra su «fobia a cualquier cosa que oliera a burocracia», y de esto trata esta novela, de las personas y sus conflictos.
Cuando la socióloga que protagoniza Diario de Campo nos dice que «todo lo que podrá conseguir este trabajo será [...] informar en los despachos de arriba sobre lo que esta población necesita», está denunciando una diferencia de clases abismal, y ella misma está abajo, tan abajo como para colarse espontáneamente en su propio estudio, autoanalizarse, contestar a su cuestionario y trazar su mapa de relaciones.
Dice la protagonista: «Quiero saber qué va a hacerse con lo que he dejado escrito, qué utilidad tendrá, cómo va a difundirse y si de verdad podrá contribuir a cambiar algo que debe cambiarse», y digo yo que alguien que piensa así ya está cambiando lo que debe cambiarse.
Diario de Campo no quiere ser una novela al uso, la España que está en riesgo de exclusión social(3) merecía algo más y Rosario Izquierdo ha sabido encontrarlo. Una obra imprescindible.



Notas enlazadoras:
(1)           El facebook de Diario de Campo
(2)           Una entrevista a Rosario
(3)           El artículo de El País


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