Qué difícil es leer bien. La lectura es un arte. Hoy lo hablaba con Patricia, una lectora que esta mañana me ha sorprendido cuando se ha puesto a hablar de Elvira Navarro, de Natalia Carrero, de los libros de Caballo de Troya.
En unos tiempos en los que se lee deprisa y mal, es un
gozo hablar con personas que se esfuerzan en leer despacio, reflexionando, rellenando
los huecos que el autor ha dejado, reescribiendo de esta manera la obra.
A mí me leen pocos. Soy un desconocido, y los autores
desconocidos pues pasamos desapercibidos, vamos publicando libros que apenas
tienen visibilidad, se podría decir que no existimos, y tal vez sea así. No lo
sé.
Desde luego no existimos para el gran público. A eso
debía referirme en el párrafo anterior. El gran público. ¿A quién le interesa
el gran público? Supongo que le interesa al gran público. O sea, que el gran
público es el único interesado en el gran público.
Decía mi amiga la Pelipequirroja que mis historias iban
dirigidas a una inmensa minoría. La gran minoría, esa sí me interesa. A algo
hemos llegado. Y ahora hablemos de mi última obra.
7777 encierra
un acertijo que aún nadie ha sabido resolver. «La cuestión es que en Iberia,
salvo nosotros, ya están todos organizados u organizándose, y han elegido como
residencia fincas como esta». En esta frase está la clave, y el enigma está
relacionado con El diluvio anónimo.
Más pistas no puedo dar. A quien lo resuelva, le
dedico mi próximo libro, y hablo de una dedicatoria oficial, de esas que van en
todos los ejemplares. Creo que no es tan difícil. Leyendo 7777 y El
diluvio anónimo con calma, la respuesta a la pregunta debe surgir
espontáneamente.
¿Cómo han podido organizarse en tan poco tiempo?


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